Ejemplificando el Networking

“Los hijos aprenden poco de las palabras; solo sirven tus actos y la coherencia de éstos con las palabras.” (Joan Manuel Serrat)

La Ciudad de México, representa todo un reto al entendimiento de la cultura para las personas, que como yo, venimos de fuera o de provincia. Aprender la forma de defenderte sin perder tus raíces representa un gran reto.

Si de casualidad decides salir a pasear, tendrás que acostumbrarte a que la gente a tu alrededor te pida cosas, todo el tiempo. Esto por supuesto se vuelve inmanejable, no puedes acceder a todas las peticiones que recibes.

Hace dos semanas salí con mis hijos a ver los altares de muertos que montaron en el Zócalo, y después nos fuimos a pasear por el resto del centro. En nuestro recorrido entramos en una panadería para comprar algo para entretenernos mientras decidíamos que comer.

Cuando estaba en la panadería, se me acerca una señora y me pide que por favor le compre un pan. No pude negarme, solo le indiqué escoja el que guste, pero no sea malita, no vaya a pedir el pastel más caro del lugar. Ella me contestó: “No si yo no soy encajosa, yo vengo de la calle y sé perfectamente como son estas cosas.”

Mientras ella escogía su pieza de pan, mis hijos me miraban a lo lejos y me hacían señas como preguntando: “¿Estás bien?”. La señora y yo seguiamos conversando. Ya en confianza le pregunté: “¿Señora, yo no soy de aquí, será que me explique eso de que viene de la calle?”.

Ella me miró y me comentó, “Usted sabe Seño, trabajo en la calle, solo que el día ha estado muy malo y no he sacado nada hoy…” No quise indagar más, compramos la pieza de pan y mis hijos me preguntaron que porqué lo había hecho. Les comenté que la gente te va a pedir muchas cosas, pero hay dos que no puede uno negarle a su prójimo: Agua y Comida. Así que por eso le compré su pan a la señora.

Una semana después llevé a mis hijos a la terminal de autobuses, tuvimos que salir temprano de casa, para evitar el tráfico de la ciudad. Llegamos a buena hora a la estación, hicimos el trámite de los boletos y nos sobró una hora, por lo que buscamos un lugar de pizzas y nos pusimos a cenar.

Mis hijos son dos adolescentes, así que una pizza no representa una comida basta para ellos. Se repartieron los pedazos entre ellos y estábamos comiendo cuando se nos acerca un joven y nos dice que lleva dos días sin comer. Mis hijos tomaron sus pedazos de pizza, los envolvieron en una servilleta y se los entregaron al muchacho.

Escuché a los dos comentar: “El Agua y la Comida no se niegan”.

 

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